Regresar Volumen 3, Número 17, Septiembre - Octubre 2025

Número:

  • Vol. 3
  • Num. 17
  • Septiembre - Octubre

Ganaderia.com

Autores:

autor Gerardo
Juárez Corral

Nacionalidad: Mexicana

Grado académico: Maestría en Producción Animal: Economía y Administración Agropecuaria

ISSN-e:

2992-7293

Citar este artículo
Juárez G. (2025) Cambio climático y producción ganadera. https://pecuarios.com/biblioteca-digital-issn/publicacion/vol-3/num-17/cambio-climatico-y-produccion-ganadera

Cambio climático y producción ganadera

Resumen


Plantear el problema global del cambio climático es importante, debido a las repercusiones sociales y económicas en la población mundial y en los recursos naturales. Entender y conocer la lógica del cambio climático y sus consecuencias, así como socializar este conocimiento es vital para hacer consciente la necesidad de un cambio cultural en las formas de producir y vivir en sociedad. El cambio climático es generado, principalmente, por las altas emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), emitidas en las actividades productivas y sociales del ser humano (actividades antropomórficas) y en forma natural. Para comprender adecuadamente este problema global, se inicia con los planteamientos, diagnósticos, evaluaciones e informes de la ONU, la CEPAL, la FAO, la OMS, la OPS, entre otras; cuyas valoraciones y estimaciones se han orientado a la poca efectividad de las acciones de mitigación; la temperatura en el planeta aumenta casi un 0.18°C cada año desde 1981, según la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA, 2022). En el plano nacional se analizaron los informes de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), nombrado como “Actualización del Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero, 1990-2019”; y el informe elaborado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), denominado “El Estado y Perspectivas del Cambio Climático en México: un Punto de Partida”; así como, los reportes de las temperaturas de la CONAGUA y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), los cuales coincidieron en el aumento progresivo de la temperatura en México. La ganadería es parte de este problema, a la vez sufre las consecuencias del calentamiento global. Emite poco más del 13%, según la SEMARNAT, de los GEI y padece las consecuencias, principalmente las sequías, provocando una alta mortandad de cabezas de ganado, particularmente, en el norte del país, lo que podría ocasionar una menor oferta de alimentos de origen animal que atentaría a la seguridad alimentaria; así como la pérdida de ingresos de los productores ganaderos.


Palabras clave: cambio climático, huellas ambientales, ambiente sano, variación climática, estrés calórico.
 

Introducción (materiales y métodos)


La pregunta guía del estudio se planteó en los siguientes términos ¿cuál han sido el impacto de la producción ganadera en el cambio climático y cómo ha sido su aporte a este problema global; es determinante y definitivo en la emisión de los GEI?


El presente estudio tuvo como objetivo principal identificar y revisar la participación de la ganadería en el cambio climático. Para ello, se realizó una revisión literaria de información y datos relevantes sobre el tema, seleccionado aquella que fuera pertinente al estudio y que permitiera explicar e interpretar las formas, características y propiedades del objeto de estudio.


Como un objetivo implícito y latente, se buscó la identificación de información que permitiera hacer posible la suma de esfuerzos para que, desde este foro y desde la acción productiva de la ganadería, contribuya a una cultura de respeto y mejoramiento del medio ambiente; así como, la de ampliar el marco de referencia del problema global del cambio climático y contribuir a generar la conciencia humana y la colaboración en la promoción y adquisición de un compromiso para el acceso al derecho a vivir en un medio ambiente sano.


Se entiende como “cambio climático” lo establecido en el artículo 3 de la Ley General del Cambio Climático (LGCC), […] variación del clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera global y se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos comparables […]” (LGCC, 2012).


El concepto de cambio climático incluye dos componentes: a) calentamiento global y b) efecto invernadero. El primero se refiere al aumento de la temperatura media global sobre la superficie terrestre desde la época industrial y se relaciona con el de “efecto invernadero” y los gases que lo generan (GEI); el efecto invernadero “[…] es de origen natural y necesario para la vida sobre la superficie terrestre. Las capas superiores de la atmósfera están compuestas por ciertos gases (principalmente CO) denominados ‘gases de efecto invernadero’ (o GEI) que absorben parte de la energía emitida por el suelo, como consecuencia de haber sido calentado por la radiación procedente del sol. Sin este efecto las temperaturas sobre la superficie del planeta caerían alrededor de 30ºC, imposibilitando la vida tal y cómo la conocemos” (Ihobe. Sociedad Pública de Gestión Ambiental, 2013).


Los GEI, según el artículo 3 de la LGCC son “[…] aquellos componentes gaseosos de la atmósfera, tanto naturales como antropógenos, que absorben y emiten radiación infrarroja […]”.


El cambio climático es una realidad presente (y seguramente futura) en todo el mundo, en cuyo desarrollo han sido determinantes las acciones antropogénicas, que, aunadas a las causas naturales, han provocado variaciones climáticas en la Tierra (aumento constante de la temperatura global). La ONU consideró al cambio climático como “[…] una emergencia mundial que va más allá de las fronteras nacionales. Se trata de un problema que exige soluciones coordinadas en todos los niveles y cooperación internacional para ayudar a los países a avanzar hacia una economía con bajas emisiones de carbono” (ONU, s/a).


El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC, 2018)1, afirmó que “[…] Las concentraciones de dióxido de carbono han aumentado en un 40% desde la era preindustrial (finales del siglo XVIII) debido, en primer lugar, a las emisiones derivadas de los combustibles fósiles y, en segundo lugar, a las emisiones netas derivadas del cambio de uso del suelo2. Los océanos han absorbido alrededor del 30% del dióxido de carbono antropogénico emitido, provocando su acidificación”.
 

Para entender la lógica del cambio climático y la participación de la ganadería, se plantean los marcos internacional y nacional, que delinearon las directrices y orientaciones para hacer frente al problema ambiental del planeta Tierra, y plantear cómo y de qué manera la ganadería ha contribuido a este problema; así como, identificar los impactos que el cambio climático ha tenido en la ganadería.


Marco internacional del cambio climático


Durante el año de 1992, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), creó un organismo que denominó Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), cuyo marco de acción fue “[…] establecer las bases para la acción internacional conjunta en cuanto a mitigación y adaptación al cambio climático […]” y su objetivo se planteó en los siguientes términos “Lograr la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático. Ese nivel debería lograrse en un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, asegurar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico prosiga de manera sostenible.” (México ante el cambio climático (s/a).


En el documento “México ante el cambio climático, s/a”, se afirmó que “[…] México firmó la Convención el 13 de junio de 1992 y la ratificó ante la ONU, tras la aprobación unánime de la Cámara de Senadores, el 11 de marzo de 1993”.


El Protocolo de Kioto fue adoptado en 1997, pero entró en vigencia hasta el año de 2005. “[…] Fue creado para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que causan el calentamiento global. Es un instrumento para poner en práctica lo acordado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. […] Además de los compromisos de mitigación de los países desarrollados, el Protocolo de Kioto promueve el desarrollo sustentable de los países en desarrollo. México tiene el quinto lugar a nivel mundial en desarrollo de proyectos MDL (Mecanismo para Desarrollo Limpio) en las áreas de recuperación de metano, energías renovables, eficiencia energética, procesos industriales y manejo de desechos, entre otros” (SEMARNAT, 2016).
 

El Acuerdo de París, que entró en vigencia el año de 2016, fue un acuerdo jurídicamente vinculante que determinó el compromiso y la responsabilidad de 193 países para reducir las emisiones de GEI; estableció tres objetivos a largo plazo: “a) reducir sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el aumento de la temperatura global en este siglo a 2°C y esforzarse para limitar este aumento a incluso más de tan solo el 1,5°; b) revisar los compromisos de los países cada cinco años, y c) ofrecer financiación a los países en desarrollo para que puedan mitigar el cambio climático, fortalecer la resiliencia y mejorar su capacidad de adaptación a los impactos del cambio climático” (ONU, s/a).


La ONU (s/a), afirmó sobre estos objetivos que “Los detalles operativos para la implementación práctica del Acuerdo de París se acordaron en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP24) de Katowice, Polonia, en diciembre de 2018, en lo que coloquialmente se llama el Libro de Reglas de París, y se finalizaron en la COP26 de Glasgow, Escocia, en noviembre de 2021”.


En el año 2015, la Cumbre de la Naciones Unidad aprobó la denominada Agenda 2030, que se integró con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas, entre los que se encontraron los relativos a responder al cambio climático y mantener los recursos naturales (FAO, 2020).


La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, incluidos los 17 ODS, son objetivos globales que sucedieron a los Objetivos de Desarrollo del Milenio el 1 de enero de 2016 y cuya evaluación fue realizada en septiembre de 2019, en el Foro Político de Alto Nivel3 donde se señaló que el mundo está “fuera de camino” hacia el cumplimiento de los ODS; se informó que el mundo no iba a cumplir la mayoría de las metas de los ODS (FAO, 2020).


La ONU (2021), estimó que a la fecha no se han logrado elevar los “índices de desarrollo humano con una huella ecológica mínima […] Los efectos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad están aumentando”.
 

La Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL, 2023), afirmó que “[…] la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible acordada en septiembre de 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas […] a la mitad del periodo acordado […] no avanza al ritmo deseado. Buena parte de los indicadores se encuentran fuera de la trayectoria que permitiría el cumplimiento de las metas en 2030”. Las razones las refiere a la pandemia del Covid-19 y al poco crecimiento económico de la región “[…] en 2023 se cumplen diez años de crecimiento económico promedio anual del 0,8%, menor al 2,0% de la ‘década perdida’ de los años ochenta del siglo XX”.


Con relación al ODS 13 Acción por el clima, la CEPAL planteó como diagnóstico que “[…] Los países de la región contribuyen relativamente poco a las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, enfrentan una alta vulnerabilidad al cambio climático. Entre 5 y 10 millones de personas de la región, en promedio, se ven afectadas anualmente por algún desastre relacionado con el cambio climático, principalmente sequías, inundaciones o tormentas extremas […]”.


La Organización Meteorológica Mundial (OMM) de la ONU, indicó que para el año 2021 el Planeta había superado más de 1.0°C desde el periodo preindustrial. Desde la década de 1980 “[…] cada nuevo decenio ha sido más cálido que el anterior “[…] la temperatura anual global ha aumentado a una tasa promedio de 0.08°C por década desde 1880 y un incremento de 0.18°C a partir de 1981 […]” (CONAGUA-SMN, 2022)


La Agencia Internacional de Energía (AIE) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), publicó en septiembre de 2023, la hoja de ruta para el sector energético global, que denominó Hoja de Ruta Net Zero.


En esta hoja de ruta se planteó el “escenario de emisiones netas cero”; es decir con el uso de tecnologías de bajas emisiones y una efectiva reducción de éstas, se pretende alcanzar para el año 2050 cero emisiones netas de CO2 particularmente del sector energético, que presenta los niveles más altos de la emisión de GEI (AIE, 2023).


Este informe manifestó que las tecnologías de captura y los créditos de carbono no han sido efectivos en la lucha de eliminar el CO2 de la atmósfera; en cambio las energías renovables han tenido mayor eficacia. El costo del uso de la energía solar, eólica, las bombas de calor y baterías, ha disminuido casi un 80% entre 2010 y 2022 (AIE, 2023).


El informe concluyó diciendo que “depender de la tecnología de captura de hidrógeno y carbono realmente no ha resuelto mucho, lo que significa que el mundo debería dedicar esfuerzos y financiamiento a la expansión de las energías renovables. La capacidad de energía limpia deberá triplicarse en todo el mundo antes del final de esta década para evitar un mayor calentamiento […]” (AIE, 2023).
 

Marco nacional del cambio climático


En el año 2022, México publicó un informe sobre la Actualización del Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero, 1990-2019, como país signatario de la CMNUCC, de conformidad con el artículo 12 del protocolo de la Convención y el artículo 74 de la Ley General de Cambio Climático (LGCC) de México (SEMARNAT-INECC, 2022).


En dicho informe se estimaron las emisiones y absorciones de GEI por fuentes y sumideros para los cuatro sectores de emisión definidos por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC)4: a) energía; b) procesos industriales y uso de productos; c) agricultura, silvicultura y otros usos de la tierra y d) residuos (SEMARNAT-INECC, 2022).
 

Las emisiones de los GEI son los principales causantes y precursores del aumento de la temperatura y el calentamiento global, entre los que se encuentran, principalmente el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el oxido nitroso (N2O), entre otros.


El CO2e, o equivalente de dióxido de carbono, es una unidad común para comparar varios GEI; estos gases, en forma individual, tienen diferentes potenciales de calentamiento global (el dióxido de carbono tiene 1; el metano 28 y el óxido nitroso 265). La conversión de estos potenciales en CO2e, utilizando fórmulas de conversión5, proporciona una referencia única y común para expresar el potencial de calentamiento global. El CO2e es ahora la forma más común de expresar “emisiones” (SEMARNAT, 2020).


Las emisiones de dióxido de carbono (CO2), se refieren a la liberación de este gas a la atmósfera, ya sea por razones naturales o antropogénicas, absorbe la radiación y evita que el calor escape de la atmósfera, su exceso es lo que produce el calentamiento global, junto con otros gases como el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O), que se consideran los principales GEI; existen otros como el vapor de agua, los clorofluorocarbonos (CFC) y el ozono troposférico (O3) que provocan este efecto (The Planet App, 2020)


Los gases mencionados anteriormente se calculan con una unidad de medida en toneladas y se utiliza como indicador el CO2 equivalente o CO2e y determinar la huella de carbono. “[…] ¿Cómo? La masa de los gases emitidos se mide por su equivalencia en CO2 para generar efecto invernadero. Por ejemplo, esa equivalencia nos dice que 1 tonelada de metano (CH4) produce tanto efecto invernadero en la atmósfera como 25 toneladas de CO₂”. (The Planet App, 2020)


El principal GEI es el dióxido de carbono con 67%, seguido por el metano con 24%, y el óxido nitroso, con 6%; el resto corresponde a gases “F” (HFC, PFC, NF3, SF6)6 (SEMARNAT-INECC, 2022).


Según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) (2022), “Las emisiones de GEI en el país ascendieron a 736.6 millones de toneladas de CO₂ equivalente (MtCO₂e)7 en 2019 […], de las cuales la mayor contribución se debe a las actividades de generación de energía eléctrica con 23.3%, seguida por el autotransporte con 18.5% y ganadería de bovinos con 13.2% […]” Las absorciones de CO₂ fueron de 201.94 millones de toneladas, por lo que las emisiones netas se estimaron en 534.66 MtCO2e.


El mismo reporte de la SEMARNAT y el INECC (2022), estableció que el dióxido de carbono (CO2), es el principal GEI, el cual disminuyó en 2019 un 7.56% con respecto a 1990; presentó un alza mayor en 2016, debido al aumento de la demanda energética del país y al uso de vehículos de autotransporte. “[…] Las emisiones de metano (CH4) se producen principalmente por la fermentación entérica y manejo de excretas del ganado, las emisiones fugitivas de petróleo y gas, la disposición final de residuos sólidos y el tratamiento y eliminación de aguas residuales. Durante la serie histórica, las emisiones de este contaminante han tenido una tendencia de crecimiento (48.4 % con respecto a 1990), aunque éste ha sido menos pronunciado que el del CO2. Las emisiones de óxido nitroso (N2O) se deben principalmente al uso de fertilizantes, al manejo de excretas y al tratamiento y eliminación de aguas residuales. Al igual que el metano, este gas ha tenido un crecimiento moderado (45.35% de incremento con respecto a 1990) y menor que el del CO2. Los hidrofluorocarbonos (HFC) presentaron en 2019 un crecimiento de 2,757% con respecto a 1990 debido principalmente al aumento del uso de sistemas de refrigeración y aires acondicionados”.
 

En México, durante el periodo 1990-2019, el aumento de las emisiones totales netas fue de 24.69% (140,807.24 Gg8 CO₂e) “[…] esto se debió principalmente al aumento de las categorías de fermentación entérica, manejo de estiércoles y emisiones directas de N2O de los suelos gestionados” (SEMARNAT-INECC, 2022).


En octubre de 2023, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, 2023), publicó un informe denominado “El Estado y Perspectivas del Cambio Climático en México: un Punto de Partida” el cual abordó los impactos actuales y futuros del cambio climático sobre la agricultura, la biodiversidad, el agua, la salud, la energía y la economía. Enfatizó la necesidad de elaborar estrategias y políticas para la adaptación, la mitigación y la transformación de la crisis climática (Estrada, F.; et. al, 2023).


El informe sostuvo que “El cambio global tiene diversas manifestaciones hoy, tanto en el clima como en la contaminación, la pérdida de biodiversidad, la transición energética y la sustentabilidad alimentaria […]” Se mencionó que “[…] durante el periodo 1975-2021, el país mostró tasas de calentamiento de 2ºC a 4ºC por siglo en gran parte de su territorio. Las distintas bases de datos coinciden en que las tasas de calentamiento observadas han sido mayores en el norte del país (HadCRUT5, GISSTEMP, CRUTS4.059). De acuerdo con los datos de análisis ERA510 […]” La zona norte del país alcanzó en el mismo periodo la mayor tasa de calentamiento (6ºC) y la región sureste los 5ºC (Estrada, F.; et. al, 2023).


En cuanto a la precipitación anual, el informe de la UNAM, da cuenta de que el promedio del país “[…] ha aumentado a una tasa de 3.1 (2.4-3.8) mm/mes por siglo desde inicios del siglo XX. El cambio climático ha modificado la distribución de la precipitación entre las estaciones del año con incrementos significativos en verano y otoño […] la precipitación ha disminuido en regiones del norte del país y ha aumentado en el centro y sur.” (Estrada, F.; et. al, 2023).


Bajo un escenario de emisiones de GEI actual el aumento de la temperatura podría rebasar los 5ºC en el 2100. Si se cumplen los compromisos formulados “[…] por los países participantes en las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional (CDN; similar al SSP24511), la temperatura anual promedio en México podría limitarse a 3ºC con respecto al periodo 1986-2005 […], si los objetivos expresados en el Acuerdo de París se lograran (SSP126), la temperatura media en México podría estabilizarse en alrededor de 2ºC para finales de este siglo” (Estrada, F.; et. al, 2023).


Por su parte, la CONAGUA y el SMN, reportaron las temperaturas alcanzadas de 2015 a 2021 con respecto a la temperatura media del periodo 1981-2010, en los siguientes términos:
 

Cuadro 1. Temperaturas medias y temperaturas arriba de la media, de 2015 a 2021 en México
 

 

El cuadro anterior, permite observar una tendencia al alza de la temperatura media anual respecto al periodo 1981-2010.


Cada año desde 1991, se han alcanzado registros nuevos de calentamiento de las aguas de los océanos. Entre los años 2015 al 2021, se reportaron los valores más altos de temperatura, según el reporte del clima global del Centro Nacional de Información Ambiental de Estados Unidos (CONAGUA-SMN, 2022).


Impactos del cambio climático


La Organización Panamericana de Salud (OPS) y la Organización Mundial de Salud (OMS) (s/a), afirmaron que “[…] La salud es y será afectada por los cambios de clima a través de impactos directos (olas de calor, sequías, tormentas fuertes y aumento del nivel del mar) e impactos indirectos (enfermedades de las vías respiratorias y las transmitidas por vectores, inseguridad alimentaria y del agua, desnutrición y desplazamientos forzados)”. Se estima que para el año 2030, se produzcan 250,000 muertes en el mundo adicionales por enfermedades sensibles al clima, como son estrés de calor, desnutrición, dengue y malaria.


Para la CEPAL (2015) el cambio climático constituye una externalidad negativa global, desde la perspectiva económica; afirmó que las actividades económicas emitieron a la atmósfera GEI, ocasionando consecuencias y presiones económicas, sociales y ambientales.


Los impactos del cambio climático son y serán inequitativos; existen fuertes riesgos, sobre todo en países con bajos ingresos y grupos sociales con menores recursos, ya que se consideran más vulnerables y con una y menor capacidad de adaptación (INECC, 2018).


Entre los años 2000 y 2019, los desastres naturales extremos inducidos por el cambio climático tuvieron un costo de 2.8 billones de dólares El costo global de los eventos climáticos extremos atribuibles al cambio climático ascendieron a 143,000 millones de dólares al año; afectó a 1,400 millones de personas (González, F., 2023).
 

El INECC (2018), afirmó que “Los costos acumulados del cambio climático para México durante este siglo serían comparables a perder entre el 50% y hasta más de 2 veces el PIB de México de 2010”; además, la afectación mayor sería en los centros urbanos, ya que el incremento de la temperatura podría llegar hasta los 8ºC para finales del siglo por la presencia del fenómeno conocido como “isla de calor”. Además, podría aumentar los costos asociados a la presencia de enfermedades por golpe de calor entre 62 y 100%, de enfermedades gastrointestinales entre 10 y 12% y de enfermedades transmitidas por vectores entre 25 y 31%.


El costo por inundaciones, afirmó el INECC (2018), sería aproximadamente de 130 millones de dólares y estima que para el año 2080 el costo aumentaría a 2 mil millones de dólares por año.


Se estima que alrededor del 68% de la población y el 71% del PIB en México están altamente expuestos a los efectos negativos directos del cambio climático (INECC, 2018).


¿Qué pasa con la ganadería?


La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, s/a), estimó que la ganadería mundial emitió 7.1 gigatoneladas de CO2e al año, lo que representó el 14.5 % de todas las emisiones antropogénicas de GEI. El ganado (para carne y para leche, el estiércol y fuerza de tracción) es la especie animal responsable de la mayoría de las emisiones, representando alrededor del 65% de las emisiones del sector ganadero.


La producción y el procesamiento de alimentos y la fermentación entérica de los rumiantes son las dos fuentes principales de emisiones, que representaron el 45 y el 39% de las emisiones totales, respectivamente. El almacenamiento y procesamiento de estiércol representó el 10%. El resto es atribuible al procesamiento y transporte de productos animales (FAO, s/a).


En México, los bovinos de carne emitieron aproximadamente 43.5 millones de toneladas de CO2e por año, con una población de poco más de 36 millones de cabezas para el año de 2022 (SIAP, 2022), se emitieron 1.21 toneladas de CO2e por cabeza ese año (Jurado, P.; et. al., 2022).


Las emisiones del metano (CH4) fueron producidas por los procesos metabólicos de los rumiantes; estas “[…] emisiones de metano asociadas a la fermentación entérica en 2019 se estimaron en 82,287.31 Gg CO2e, las cuales muestran un incremento de 9.93% respecto al año 1990 […]”; lo cual constituyó el 95% de la fermentación entérica de los bovinos (SEMARNAT-INECC, 2022). Una tonelada de metano equivale a 25 t CO2e (Jurado, P.; et. al., 2022).


A pesar de que la actividad ganadera no es la principal responsable de la emisión de los GEI, si es parte del problema ambiental y se integra en los indicadores denominados “Huellas Ambientales”, que permiten conocer los impactos (positivos y negativos) generados por las actividades económicas en el medio ambiente. Las huellas ambientales son las siguientes: a) Huella de Carbono, b) Huella Hídrica y c) Huella Ecológica (UPB - Sede Central Medellín, s/a).
 

Huella de Carbono, se refiere a “[…] la totalidad de GEI emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto [...]” (CEPAL, 2010). Mientras que la Huella Hídrica se refiere al uso y origen del agua, un indicador del volumen de agua utilizado en la producción; el origen es “agua verde” (agua de lluvia); “agua azul” (agua superficial y subterránea) y “agua gris” (agua contaminada) (Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, 2019). La Huella Ecológica es aquella que permite conocer el impacto social sobre el ambiente; “Es una herramienta para determinar cuánto espacio terrestre y marino se necesita para producir todos los recursos y bienes que se consumen, así como la superficie para absorber los desechos que se generan […] La huella ecológica de cada ser humano es de 2.7 hectáreas. Sin embargo, nuestro planeta tan sólo es capaz de otorgar a cada uno de sus habitantes cerca de 1.8 hectáreas […] En México, la huella ecológica calculada en 2006 fue de cerca de 3.4 hectáreas por persona […] Esta diferencia indica que cada uno de nosotros utiliza más espacio para cubrir sus necesidades de lo que el planeta puede darnos […] Las actividades que más han repercutido en el crecimiento de la huella ecológica mundial son la quema de combustibles fósiles, la agricultura y la ganadería” (SEMARNAT, 2017).
 

Para el caso de la producción ganadera, la Huella de Carbono y la Huella Hídrica constituyen en forma directa los indicadores más importantes que contribuyen al calentamiento global; la Huella de Carbono en tanto emite los GEI, particularmente el metano (CH4), la Huella Hídrica en el uso y origen del agua para la producción animal.


El metano (CH4) es el principal responsable de más del 25% del calentamiento “[…] es un potente gas de efecto invernadero, con un potencial de calentamiento mundial más de 80 veces mayor que el del dióxido de carbono (CO2) durante los 20 años después de su liberación a la atmósfera” (ONU, 2023).


Las fuentes de emisión de GEI son de dos tipos: a) emisiones de GEI directas (fermentación entérica, consumo de combustibles fósiles, uso de fertilizantes sintéticos, quemas de residuos agrícolas, manejo de estiércol y consumo de refrigerantes); y b) emisiones de GEI indirectas (consumo de energía eléctrica). Con la consideración de estas fuentes de emisión de GEI, se puede calcular la Huella de Carbono y tomar las decisiones correspondientes (Páez-Barón, E. M; et. al, 2018).


Existen diversas metodologías para calcular la huella de carbono, como la propuesta presentada en la plataforma digital CONtextoganadero (2019), referida al uso de un Software Ganadero SG; o las propuestas por El International Standard Organization, responsable del desarrollo de la metodología UNE-EN ISO (Ihobe. Sociedad Pública de Gestión Ambiental, 2013); sin embargo, se destaca que, de acuerdo al artículo 15 de LGCC, el INECC, tiene como fin, entre otros, el “[…] promover y difundir criterios, metodologías y tecnologías para la conservación y el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales […]”, las cuales determinan el Inventario Nacional de Emisiones de GEI.


En cuanto a la Huella Hídrica, la FAO estimó que poco más del 70% del uso mundial del agua corresponde a las actividades agrícolas; en tanto que el uso del agua por el ganado se encuentran en un nivel elevado y en constante crecimiento, desde la producción de los alimentos hasta el suministro del producto (Steinfeld, H., 2009).


La FAO consideró que las necesidades de agua potable (como dato referencial), para la ganadería fueron las siguientes: bovinos de 103 a 126 litros/día/animal; cerdos de 17 a 47 litros /día/animal; aves de 13 a 50 litros /día/animal; caprinos de 8 a 12 litros /día/animal; ovinos de 9 a 20 litros /día/animal (Steiner, H., 2009).


Impactos del cambio climático en la ganadería


Según Juan Carlos Ayala (2023), Director General del Grupo Consultor de Mercado Agrícolas (GCMA), una consecuencia del cambio climático es la sequía que repercute directamente en la producción ganadera, al reducir el suministro de alimentos y agua, provocando la muerte del ganado y en consecuencia la reducción de la población ganadera. Hasta el 15 de octubre de 2023, más del 80% del territorio nacional se vio afectado por algún nivel de sequía, con 51% del país encontrándose en las categorías de severa a excepcional, siendo estas las más altas. No se registró una cifra aproximada de muertes de cabezas de ganado por sequía; sin embargo, se estimó que el 50% del hato se encontraba en estas condiciones (Ganadería.com, 2023).
 

En la ganadería el impacto inicial de la sequía se percibe en la reducción del forraje disponible y, posteriormente, en la disminución de su producción, misma que se refleja en el peso del ganado y en sus tasas de reproducción (López, M.; et. al., 2009).


El problema anterior tiene un impacto directo en la seguridad alimentaria: disminuye la oferta de alimentos de origen animal (proteína de alta calidad biológica), aumenta su precio de mercado y determina una mayor dificultad de acceso a los alimentos nutritivos y saludables, uno de los seis indicadores12 en la metodología de medición de la pobreza que utiliza el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, CONEVAL (2021); además, se incumple directamente el derecho a la alimentación de la población consagrado en el artículo 4º constitucional13.
 

Las altas temperaturas afectan la nutrición, fertilidad y bienestar del ganado, provocado por el estrés calórico, que aumenta la frecuencia cardiaca, la temperatura corporal y la respiración del animal.


De igual forma, el cambio climático afecta la biodiversidad, la salud y productividad animal, así como la disponibilidad y calidad de forrajes y cultivos para alimentación animal (Deschamps, L., 2018).


Algunas acciones de mitigación


Existen diversas alternativas y acciones para lograr en el mediano y largo plazos una ganadería sustentable: alimentación estratégica (nutrición), manejo eficiente de la genética y reproducción animal, ajuste de la carga animal en los agostaderos (evitar el sobre pastoreo).


Considerar en la eficiencia alimentaria, los ajustes de los niveles de proteína y la formulación en base a aminoácidos, así como la utilización de aditivos (Escribano, A. J., 2023).


Un método eficaz ha sido lo que se denomina el Sistema de Ganadería Silvopastoril, el cual consiste en cultivar “[…] leguminosas en los potreros, tanto herbáceas, como arbustivas y árboles; de plantas nativas para alimentar el ganado, conservar forrajes, usar cercas vivas, emplear insumos biológicos (biofertilizantes y bioplaguicidas); y criar razas rústicas bajo condiciones edafoclimáticas difíciles”. (CDRSSA, 2020). “[…] los árboles quitan CO2 de la atmósfera y lo almacenan como celulosa, lignina y otros compuestos” (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos EPA, 2023).


Incremento de la productividad ganadera, “Existe un vínculo directo entre las intensidades de las emisiones de GEI y la eficiencia con la que los productores utilizan los recursos naturales, es decir, la cantidad de recursos naturales utilizados en la producción animal, por unidad de producción comestible o no comestible. Para los sistemas de producción ganadera, las emisiones de óxido nitroso, metano y dióxido de carbono son pérdidas de nitrógeno, energía y materia orgánica que socavan la eficiencia y la productividad. Por lo tanto, las posibles intervenciones para reducir las emisiones se basan en gran medida en tecnologías y prácticas que mejoran la eficiencia de la producción a nivel de animales y rebaños” (FAO, s/a).


Con la reforma a la LGCC en 2018, el Gobierno Federal estableció el “comercio de emisiones” para reducir la emisión de GEI; se crearon los bonos de carbono como instrumentos financieros para apoyar “[…]¨la reducción de dióxido de carbono lograda por algún proyecto ambiental, de conservación o de reforestación de bosques y selvas, y equivale a una tonelada de carbono absorbida de la atmósfera. Antes de comprar bonos, una empresa debe maximizar los recortes en sus emisiones de gases de efecto invernadero” (García de León, V, 2022).


“La Plataforma Mexicana del Carbono (MEXICO2) promueve la compra voluntaria de carbono y puede ser una opción para ranchos ganaderos en México […]” (Jurado, P.; et. al. 2022). Apoya proyectos y acciones para proteger y aumentar el capital natural y social del país, según el IECC (2013).
 

Conclusiones


La ganadería mexicana forma parte de las entidades que colabora con el calentamiento global, a la vez sufre los impactos negativos de este problema mundial. Las recurrentes sequías, las temperaturas extremas, la presencia de huracanes de mayor intensidad, han provocado muertes de cabezas de ganado, problemas en la nutrición, reproducción y bienestar animal (como el estrés calórico); disminuyendo la productividad y que podría generar en el mediano y largo plazo un desabasto de alimentos de origen animal y por lo tanto un aumento de las exportaciones en esta materia, lo que provocaría una balanza comercial deficitaria.


Destacar las acciones que deben promoverse en la ganadería, planteadas por la Plataforma Mexicana de Carbono, como son, el desarrollo universal de proyectos de captura de metano en unidades de producción particularmente en bovinos y porcinos; utilización de digestores para la captura y quema de biogás que evite la liberación a la atmósfera, rellenos sanitarios y reforestación, entre otras, como el desarrollo de los sistemas silvopastoriles, el equilibrio de nutrientes en rumiantes, principalmente y la obtención de crías, a partir de parámetros genéticos de mayor resistencia a las extremidades y cambios climáticos, para conseguir una mayor resiliencia.
 

Y con ello, seguir conservando a la ganadería como una actividad económica dinámica, con un superávit en la balanza comercial que, hasta el mes de agosto de 2023, era más de 600 millones de dólares, sólo en las exportaciones de ganado en pie y miel de abeja (SIAP, 2023); de igual forma, representó el 40% del PIB agroalimentario y el 8.2% de la economía nacional (Ganadería.com, 2023).


Se estima que para el año 2050 la población mundial será de poco más de 9 mil millones de personas, provocando el uso de mayores recursos naturales (tierra y agua). Que, en palabras de González, P. (2020), los alimentos de origen animal incrementarán su consumo, por ejemplo, la carne un 73% y la leche un 58%, en comparación al año 2010. “[…] Lo anterior, plantea el desafío de mantener un balance entre la productividad, seguridad alimentaria y la preservación del medio ambiente” (González, P. 2020).


El Canciller Rodolfo Nin Novoa (uruguayo) dijo en 1a 12° reunión de la Conferencia de las Partes de la Convención de Ramsar sobre los Humedales (COP12), celebrada en Punta del Este, Uruguay en junio de 2015 "La naturaleza puede vivir sin el hombre, pero el hombre no puede vivir sin la naturaleza".


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